
Y ya no nos considerábamos los mismos de la noche anterior. Esta vez, éramos unos jugadores más de la multitud existente. Entramos en el casino como si estuviéramos entrando en una taberna de vaqueros. Miramos a nuestro alrededor, pedimos a la camarera algo para beber y nos sentamos en unas tragamonedas potentes y brillantes, pusimos un dólar en ella.
Siendo cuatro personas jugando, nos estábamos divirtiendo con un mínimo de dinero, a razón de 0.25 centavo de dólar por cada uno. Se podría pensar que esto suena a mentira pero no lo es, piense mejor que son demasiado baratas.
No se necesita tener mucho dinero para divertirse en los casinos de Las Vegas, aunque tengan esta fama de caros, por su belleza e imponencia. Juegue en las tragamonedas, en las que su apuesta es de centavos, son realmente emocionantes. Jugamos por turnos y el tiempo parecía haberse detenido por un momento, lo único que se movía eran los carretes de la máquina tragamonedas.
Después de perder unos treinta centavos de dólar, la combinación mágica apareció. Cuatro figuras iguales, de las cinco combinaciones posibles que serían las ganadoras, el contador de los créditos comenzó a aumentar. La mayoría de las personas que estaban en el lugar vieron nuestras caras de alegría, nuestros saltos, y escucharon también gritos.
Habíamos ganado, no lo podíamos creer. Nuestra felicidad era tal que no importaba el calor, el derramar nuestra ropa con nuestra bebida, ni siquiera el hecho de que deberíamos volver a nuestro hogar y trabajo en un corto tiempo. La gente empezó a darse cuenta de nuestra emoción, al oír nuestros gritos, todo el mundo en el casino sólo veía lo que parecía una historia de ficción.
“Ganaron el premio mayor de la máquina tragaperras”, dejamos de contar las monedas, ya teníamos suficiente dinero para jugar y gastar en las cosas que nos fueran de utilidad en nuestra familia. Estábamos realmente felices, aunque el dinero no es todo en la vida.
Era el mejor momento, un momento que quedará grabado en nuestras mentes para siempre. Nos divertimos mucho con unos pocos dólares, y ahora habíamos ganado. Y lo celebramos, como si hubiéramos ganado nueve medallas de oro en los Juegos Olímpicos.
