Paternalismos en las tragaperras II

Esto me hace acordar a las épocas donde la iglesia quería callar a todo aquel que demostrara los avances de la ciencia, porque el miedo los podía dejar en una mala posición. Pero ya es tiempo de aprender del pasado y evolucionar como buenos humanos que somos.
Cierto es que en el caso de las tragaperras son un furor que ni los mismos casinos pueden explicar y esto, seguramente provoca que muchos gobernantes no sepan cuales serán los resultados de una sociedad que según ellos, no están preparadas para recibir de brazos abiertos. Pero nada de esto puede llevarse de la mano de la autoridad. Nada que sea inculcado con soberbia o sin una explicación que la sociedad exija puede llevarse a cabo.
Este tipo de medidas que suelen utilizar los gobernantes, tienen ese dejo de autoridad que permite ver una ignorancia aun mayor de lo que se espera de ellos. Los juegos de casino, llámese tragaperras, póker, ruleta, bingo, etc., están en todo el mundo, en internet y hasta en barcos y aviones transatlánticos. Y la problemática que pueda ocasionar en la sociedad que la juega es mínima hoy en día.
Creo que es tiempo de dejar de lado este tipo de paternalismo trasnochado (como diría el filósofo Savater), y dar lugar a que los políticos de turno se sumen a una fraternidad con los juegos de azar, como nunca antes se haya visto.
Las sociedades cada vez están más ávidas de entretenimiento, producto de las presiones y obligaciones que si fueron globalizadas sin el más mínimo reparo (mayor cantidad de horas de trabajo, más consumo, menos fuentes laborales, etc.).
Quizá sea hora de entender que este fenómeno de las tragaperras, solo quizá y desde una óptica más patética que optimista, sea producto de una necesidad de divertirse de la gente ante la vorágine del día a día, en la cuál nadie repara o paternaliza.

